Un espacio personal, multipropósito, con contenido variado, donde hay lugar para la creación y la opinión.

sábado, enero 14, 2006

El juego


No entiendo y me irrita, cuando escucho que la gente se queja porque tiene que andar en micro. Yo creo que a la mayoría le falta imaginación. Da pena verlos con sus miradas vacías y sus expresiones cansadas. Para mí, la mejor parte del día era cuando me instalaba en el asiento del bus, sabiendo que estaría ahí durante, al menos, cuarenta minutos. Siempre sentía la sensación de que los segundos se estiraban, lo que pasaba, en realidad, es que perdía totalmente la noción del tiempo.
No recuerdo con exactitud cuando comenzó mi juego, pero no me extrañaría que hubiera sido la primera vez que tuve que aventurarme en solitario en el mundo de la locomoción colectiva. Supongo que se dio en forma natural. Tiene que haber sido una reacción lógica para una persona como yo, introvertido, soñador, inteligente, y, por sobre todo, observador.
Las reglas eran simples, pero estrictas. El elegido tenía que ser alguien que anduviera solo y que yo no hubiera visto nunca en mi vida. Debía hacer la elección casi en el mismo instante en que me acomodaba en mi lugar. Una vez escogida la persona, no podía cambiar. La idea era hacer deducciones a partir de la observación. Buscar pistas y sacar conclusiones. Analizar cada detalle y descubrir lo que para los demás no era evidente. La especulación o el carril estaban totalmente prohibidos. Cada afirmación necesitaba estar solidamente avalada por un dato real. Sólo así, me permitía aceptar como íntegramente verdadero mi informe final.
Al principio, me conformaba con recavar información que podríamos llamar básica. Me sentía muy orgulloso si acertaba con aspectos triviales del individuo como su profesión, su estado civil, su condición de salud o alguno de sus pasatiempos. Con el pasar del tiempo, cuando mis kilómetros recorridos ya se podían contar en decenas de miles, mis metas cambiaron. Mi técnica investigativa se volvió extraordinariamente refinada. Agucé mi vista y logré discriminar tonalidades nuevas que tuve que bautizar con nombres ingeniosos como verdante o lilón. Pero lo más sorprendente es que al posar la mirada sobre mi objeto de estudio, automáticamente en mi campo visual se superponía un cuadriculado que me permitía hacer un barrido matemático por la superficie que quería indagar. Además, sumé, como nueva y utilísima herramienta, el olfato. Si bien, debe haber pocos lugares donde exista una mayor confluencia de olores que al interior de un bus, este sentido se volvió tan preciso que no me costaba gran trabajo distinguir el aroma de las manchas pegadas en la ropa.
Armado con estos notables instrumentos puestos al servicio de mi tarea diaria, el recorrido de mi casa al trabajo se convirtió en mi obsesión. Instalado en la Mercedes Benz amarilla e identificado el personaje de turno, caía en una especie de trance. Todos mis potenciales humanos se enfocaban a la disección, a la tabulación y a la evacuación de informes. Así conseguía, invariablemente, establecer el tipo de vivienda en que habitaba la persona, cuales habían sido sus últimas tres comidas, si había tenido sexo la noche anterior, cual era su mascota, cuantos hijos tenía, si era usuario frecuente de la locomoción colectiva, si ocultaba la existencia de un amante, su nivel educacional, si practicaba algún deporte, sus hábitos de higiene y una infinidad de datos relevantes. La operación terminaba en cuanto el ciudadano o la ciudadana, con un pequeño salto, ponía su humanidad en la vereda.
Practicando mi cautivante pasatiempo, una vez llegué a descubrir que una rubia curvilínea que estaba sentada en la cuarta fila del lado del chofer, había decidido abandonar a su marido porque este era impotente. En otra oportunidad, se reveló ante mí una extraña situación. Un enano vestido de payaso que pedía monedas a cambio de antiguos chistes, resultó ser un excéntrico hombre de negocios con escondidas aspiraciones artísticas. Nada se me escapaba, había logrado traspasar las apariencias para auscultar lo esencial. Me sentía poderoso.
La mañana en que todo cambió, parecía como cualquier otra. Por lo menos, yo no advertí ninguna señal. Mi entusiasmo era el mismo de siempre. Me sentía tan bien que decidí irme parado al fondo del gran vehículo, así tendría una vista completa de la fauna que me acompañaba. Caminé tranquilo hasta llegar a mi posición, me agarré del fierro, hice un rapidísimo barrido con la mirada y elegí a un peladito vestido con un traje café claro. Era el tipo de persona que más me estimulaba, aquellos que se contaban por millones, los que a simple vista no tenían ni un solo rasgo distintivo. El desafío era mayor, pero mi ojo experto no tardaría en ir extrayendo las escondidas características que hacen de cada ser un universo único y complejo.
Recorrí la superficie que tenía que explorar con especial prolijidad. Sin apuros, analicé desde el más alto de sus mechones capilares, hasta la punta de sus zapatos. No pasé por alto el espacio que lo circundaba, buscando partículas que pudieran haberse desprendido de su cuerpo o de su ropa. Sentí que mi corazón se detenía, mis fuerzas me abandonaron por un instante y creí que me desvanecía. Cerré mi mano con fuerza sujetando el frío tubo metálico y logré permanecer de pie. No había encontrado nada, ni un solo elemento que me sirviera para identificar a este hombre. Olía simplemente y nada más que a eso, a hombre. En ninguno de los cuadraditos de mi plantilla visual se destacó ni la más mínima existencia de una particularidad. En ese momento no entendí que era precisamente esa carencia de elementos distintivos lo que hacía de este individuo un espécimen único. Me encontraba, sin sospecharlo, frente a la mediocridad en su expresión más pura.
No podía aceptar la derrota. Lo que ocurrió de ahí en adelante lo recuerdo como si hubiera sido el espectador de una película, mi visión de la escena no correspondía a lo que percibían mis ojos, mi punto de vista era más alto, parecido a lo que registra una cámara de seguridad. Mi rostro parecía tranquilo. Toqué el timbre y ocurrió justo lo que yo esperaba, las puertas se abrieron mientras la micro aún estaba en movimiento. Me bastó dar un paso para, con mi mano libre, tomar al pelado por el cuello. Con un solo movimiento y con una fuerza inusitada, lo lancé fuera del bus. Vi como rebotaba en el pavimento y luego, al camión de la basura aplastando su cabeza. Respiré tranquilo. Una sonrisa se dibujó en mis labios.
He aceptado mi castigo. Me parece razonable que la sociedad no comprenda las causas profundas que motivaron mi conducta. Aquí las cosas no son tan malas, aunque cada mañana me desespero por no poder subirme a una micro.

44 Comments:

Blogger URZULAMORRISON said...

eyyy!!
seguro q es la formula perfecta o no la has provado??????

1:14 AM

 
Blogger Marcos said...

muy buen texto... a veces creo que esa capacidad perdida de mirar a las personas se debe a eso, a que cada vez nos centramos mas en la individualidad, cada vez somos mas parte de la bebida individual o el personal stereo, agachando nuestras cabezas para llegar a la escuela, universidad o trabajo ¿que mas da? lo importante es ser productivo..... aunque el dia tenga 24 horas

1:27 AM

 
Blogger Elisa_Day said...

me encantó

yo hago algo parecido,pero no logro concentrarme en una persona,trato de escuchar, ver y sentir lo más posible, aunque este último tiempo he tratado de ir leyendo y así el camino pasa rápido, pero mis ansias observadoras casi siempre me ganan

un abracito torpe y si quieres agrégale un besito más torpe aún

2:22 AM

 
Blogger Viddeara said...

Bienvenido al mundo de los observadores.
Yo puedo pasar horas sin hablar, sólo observando los movimientos de quienes me rodean. Creo que de esa forma conozco mejor a la gente que cuando abren la boca.
Un beso.

11:43 AM

 
Blogger Alex said...

Ibas bien hasta que descubres al hombre calvo.El observador no explica bien por qué decide asesinar a su objeto de estudio.La simple mediocridad no puede ser un motivo.Y si lo es,el observador debe sentirse un pequeño dios (en su autodescripción no se muestra lo suficientemente arrogante).No queda claro cómo es que la medianía puede desesperar tanto a nuestro observador.
Afectuosamente,
Alex

3:12 PM

 
Blogger Burbuja said...

En los trayectos cortos, te da tiempo a captar muchas cosas y puedes aprender mucho.
Besos.

3:17 PM

 
Blogger LaRomané said...

Que buen post...alucinante el juego!!
Yo prefiero leer lo que tenga en mano o pegarme un tutito...entro en letargo cada vez que me siento...los moviemientos me mecen y me llevan...

x0x0x0x
LaRomané

6:01 PM

 
Blogger lunática said...

Me encantó el texto;con un comienzo tranquilo, pero que logra mantener la atención y consigue sorprender al lector.

Yo = lo hago de cierta manera, y cuando no tengo un libro a mano, necesito ocupar el tiempo en algo.
A veces imagino historias entre las personas.Incluso, una marca en la piel puede tener millones de variantes.
Los porqué y los cómo abundan, y las respuesta finalmente sobran.

buen post!
un besito

8:22 PM

 
Blogger JC said...

Me paso algo raro, todo el comienzo era conocido, yo llevo años haciendo lo mismo, excepto cuando leo, la cosa es que me sentía muy identificada con tu descripción y de repente paff!!! Cambio, fue agradable.
Saludos,
jc

9:46 PM

 
Blogger Pitufina said...

Uf, que final...
Yo disfrutaba igual que tú el andar en micro, hasta que tuve un encontrón con un par de asaltantes, desde ese momento se transformo en un sacrificio.

saludos,

10:35 PM

 
Blogger nika said...

afortunadamente cuando viajo en bus me sumerjo en mi mundo de fantasía o el exterior me sirve para elaborar historias mentales que luego olvido, pero aún no he lanzado a nadie contra el pavimento, no es que no me hayan faltado ganas...

muy atrapante tu relato.

saludos.

11:11 PM

 
Blogger Morena said...

Que buen relato, que inusitado final.
Siempre me sorprendes. Yo viaje la mayoría de mis años de universidad mínimo 30 minutos en micro, pero en provincia es distinto porque conocía donde se bajaban o subian todos los personajes que hacía mi rutina diaria.

Cariños

10:16 AM

 
Blogger Adolf said...

Herr Ipnauj, ich entgetenegme obsegvando palomitas, de 18 paga aggiba.
Oh my God

Hail!

5:15 PM

 
Anonymous Anónimo said...

Muy entretenida historia, con un final bastante concreto. Vivi durante once años con un hombre que comenzo su carrera musical cantando en las micros, solo cantaba dos canciones, siempre las mismas y se bajaba. ahora creo que el sueño me poseeria arriba de una "cuncuna"(como le dicen los niños a las nuevas micros), y tambien seria entretenido analizar lo que soñaria. Un beso, Eulogia.

6:36 PM

 
Blogger Pipiolex said...

Ya lo expresé en otros foros.
NOTABLE!.
Con su observación rusa, el elemento a lo Terminator, en fin..

Felicitaciones.

7:13 PM

 
Anonymous Andromeda said...

Que buen relato...
el tipo no era un mediocre, era un super heroe y le ha hecho un favor a la humanidad... interesante el personaje...

8:29 PM

 
Anonymous Andromeda said...

en el comentario de arriba me refiero al tipo que narra

8:31 PM

 
Blogger chica canifru said...

Es solo la presidenta.
Las micros me acompañan y me acurrucan cuando tengo sueño,me hacen reir,me llevan donde quiero estar.

11:05 PM

 
Blogger Amanda said...

que buen relato, muchos y mcuhas de quienes hemos pasado parte importante de nuestras vidas arriba de una micro hemos experimentado ese deseo, curiosidad de escudriñar las vidas de otros, jugar al detective, al doctor, al psicologo intentando develar hasta los aspectos más íntimos de alguien arriba del bus
yo suelo escribir una idea, una palabra cuando aparece un personaje especial

las micros pueden ser infinitamente inspiradoras

11:15 PM

 
Blogger Bohemia said...

Vamos perdiéndonos en las rutinas, olvidándonos de las pequeñas cosas que nos causaban satisfacción, dejándonos llevar, haciendo las cosas por decreto...Que pena que la evolución sea tan gris en muchos casos.

10:58 AM

 
Blogger Rodrigo said...

Subo a la micro y observo, huelo, pienso, leo...y también, cuando es invierno, me gusta mirar las ventanas con niebla y tratar de saber quién esta al otro lado...

buen post...

12:05 PM

 
Blogger Alvaro said...

Seguro que el pelao era de la CNI... Mejor haberlo tirado.

saludos

2:39 PM

 
Blogger Milongas said...

Me quedé de piedra! Yo también jugaba a ese juego pero no me hubiera imaginado nunca siendo Dios!
Besos.

6:15 PM

 
Blogger aguirrebello said...

Este cuento TUYO lo publiqué en mi blog por ahí por septiembre - octubre (con tu autorización, lógicamente), porque lo encuentro IM - PRE - SHIO - NAN - TE.

Oye, pero lo pusiste ¡hasta con la misma foto que yo, bellaco!

Un abrazo,

A

7:08 PM

 
Blogger Burbuja said...

Saludos, fotógrafo.

7:39 PM

 
Blogger ximesol said...

bravo!!
debo reconocer que por primera vez me he cautivado y lei completamente lo que escribiste.
el subirse a una micro realmente cautiva, al ir en una me olvido del mundo, me vuelco absolutamente en mi mundo interior, es mas las desiciones mas importantes de mi vida las he tomado arriba de una de ellas, lo extraño, hace un rato no formo parte de ese mundo ..
quizas por eso me he equivocado en algunas cosas, al manejar me olvide de pensar
salu2

9:57 PM

 
Blogger Noelia said...

guau! que bueno tu post!! me encanta el gran poder de tu imaginación, tu locura.
Chusmeando, algun no me acuerdo cual blog, encontre este... el tuyo y me encanto tu poder de expresión.
puedo empezar a pasar mas seguido?
saludos sanjuaninos, argentinos.

12:25 AM

 
Blogger sexo y sentimiento said...

ES BUENO ANDAR EN MICRO, CONOCES MUCHO, TE ENCUENTRAS CON COSAS LINDAS, GRACIAS POR COMPARTIR ESTA BELLA FORMA DE VER LA VIDA

1:30 AM

 
Blogger racarrás said...

exxxelente.

alguna vez practiqué ese juego también...nunca me obsesioné, pero si lograba hacer más llevables los viajes.

saludos a los gendarmes.

11:26 AM

 
Blogger Irarrazabal said...

Lo mejor de la niñez es que puedes permitirte jugar a imaginarte lo que quieras. Contar los cuadros del suelo y las banderas en Septiembre jugando a ser estadista y sacar proporciones de estos según la población nacional y mundial.
No pisar las sombras, jugar a que vuelas mientras vas en la micro y si te acompaña una ventana abierta mejor!!!.
Confieso que aún, de vez en cuando, los practico, pero disimuladamente, para que no me pillen entusiasmado en un juego de niños a los 30 años. Eso sería fatal, pues ya no sería catalogado como juego, sino como enfermedad mental.
Prefiero pensar que las personas en la micro van jugando esos juegos de la niñez y disimulando, al igual que yo.

2:25 PM

 
Blogger fgiucich said...

Un relato imaginativo, pero cercano a la realidad . Durante muchos años tomé el mismo colectivo y por, ende, hacía el mismo trayecto de ida y vuelta. Mi obsesión eran las fachadas de las casa que iban cambiando de vez en cuando y las imaginaba escenario de crímenes, adulterios... la verdad es que nunca se me ocurrió lanzar a nadie, aunque ganas no me faltaron. Muy bueno lo tuyo. Abrazos.

3:35 PM

 
Blogger Adolf said...

Agregagme al MSN!
Echag pelo un gato!
hail!

7:25 PM

 
Blogger Leyla said...

Jajajajaja
Creo que en este caso loq ue tu profe de Tai Chi dijo significa literalmente que tengo el "orgullo lastimado"
;-)
Nunca mejor descripcion

Lei lo que piensas de los viajes en las micros
Me gustò tu historia
Un dia de estos nos encontramos y descvubres quizas quien yo efectivamente soy
:-)

Besos y besitos

7:55 PM

 
Blogger viollacea said...

Me sentí identificada con tu relato, hace poco, un tiempo también le cogí un encanto al recorrido del micro, sentada al fondo, uno es el espectador de pequeños trozos de películas, donde los protagonistas son tan diferentes e inverosímiles como uno.

Saludos :)

1:34 PM

 
Blogger Tarí Alcarin said...

Excelente relato y muy sorprendente, puesto que suelo hacer lo mismo cuando viajo, sólo cambian los personajes.
Cariños
Tarí

2:44 PM

 
Blogger trabajadorsocial said...

Primero gracias por la foto del post..ayyyy, que es lindo Santiago en verano....sera la distancia y el frio digo yo, que me tienen atontao....Me entretuve con el post, interesante ejercicio de observacion cotidiana...oye hace unos meses escribi un Post Central Ovalle, una recuerdo a la nunca bien amada locomocion colectiva de Chilito.
Saludos from Canada
Luis

5:17 PM

 
Blogger Akane* said...

Escribes con tanto detalle y con sentimiento...
Yo tb amo andar en micro y todo lo que pasa ahi dentro. Aunque no podría analizar asi, me explotaría la cabeza!!!


Bueno, saludines para tí :)

6:12 PM

 
Blogger susana said...

Me encanta andar en micro, sera que tanto andar en auto, me pasa que en la micro me siento parte del mundo real, y en mi auto me siento sola. En la micro veo gente, veo colores, huelo cosas,la gente se toca ... en fin me hace sentir mas cerca esta odiosa cuidad.
Un abrazo

7:14 PM

 
Blogger Leyla said...

me acorde de ti cuando puse mi post de hoy
besitos

7:18 PM

 
Blogger Oruga said...

suele pasarme...
mil veces solo observo, de ello aprendo. Y mucho

buen texto

besos y suerte

10:13 PM

 
Blogger Canal Desierto said...

Entro a tu blog y...

Sumergido en el texto, en los viajes, en los olores y las palabras me enfrento violentamente con una acción desesperada.

desde el desierto observo.

5:37 PM

 
Blogger Sol.. said...

Por alguna razon, me recordo a "El Perfume"..

Cuando leia en un comienzo, pense que era veridico.. y ya me estabas encantando con esa capacidad sicopatica de desnudarlo todo, hasta el punto de sentir miedo.

Al final de la lectura, continuaba encantada, pero por tu enorme capacidad para captar siempre mi atencion hasta la ultima linea.. Me ha fascinado!

Te dejo un beso..

6:06 PM

 
Blogger Mary Rogers said...

Gran, gran relato!
No pienso romper la magia con más palabras
Un abrazo

11:21 AM

 
Blogger Clementina said...

A mis 32 sigo siendo peatona y un auto me pena sólo cuando estoy en un carrete fome que es lejos de mi casa. A mi el tiempo en el micro, me basta para ser libre imaginando que voy para donde anhelo y juego a que voy acompañada. A veces leo y casi siempre voy con mi walkman. No quiero dejar que esos 20 minutos de ida y los 20 de vuelta dejen de estar es cuando estoy más tranquila, puedo decir que no escuché el celular porque había mucho ruido, es probable que no tenga que conversar ni ponerle caritas a nadie después de haberme pasado 7 horas haciendo de RR PP de mi trabajo. Top los micros. Sólo espero que mi recorrido no se ponga más peligroso. Algo que está pasandole a Vespucio entre E Militar y P Egaña.
Muchos saludos y felicitacines por las cabilaciones que leí.
un beso, Clem

10:02 PM

 

Publicar un comentario

<< Home